miércoles, 9 de abril de 2014

Se va acabando

Entregué mi vida hace tiempo, entregué la propiedad de mi mente y cuerpo. Los entregué mediante contrato indefinido. Se los entregué a quien supiera sacarles provecho, los entregué por capricho. La persona propietaria no lo recuerda y aunque el contrato fue para siempre, nadie vive por siempre. Talvez lo recuerde algún día pero será tarde pues me se acaba la vida. Talvez deba decírselo y avisarle que me quedan poco más de tres años, pero quizá sea mejor así, pues talvez sobreviva y viva.